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lunes, 2 de enero de 2017

CAMALEÓN Año cuesta arriba alfredobielmav@hotmail.com


CAMALEÓN
Año cuesta arriba

2-3n3ro-2017
2016 fue el año  en que hizo crisis la desbordada rapiña de un grupo de políticos amaestrados en el arte del patrimonialismo político para vivir a costa del presupuesto público, doce años o menos fueron suficientes para postrar en la inopia a la administración pública veracruzana. A pesar de todo ese latrocinio la entidad sigue siendo rica en recursos humanos y naturales porque, como iterativamente se afirma, Veracruz es más grande que sus políticos. Terminamos 2016 e iniciamos 2017 con un nuevo gobierno estatal y un ex gobernador fugitivo. ¿Qué viene para Veracruz?
 La sociedad veracruzana luce igual que Sísifo en su dolorosa existencia, condenada a subir la roca hasta la empinada cima solo para dejarla caer e iniciar de nuevo el esfuerzo de subir la pesada cuesta para emprender un nuevo ciclo, que ojala se aproveche para interrumpir el sempiterno retorno de los mismos males. Ya comprobamos que no vamos bien y nunca llegó lo mejor, que el presente no resulte más de lo mismo.
El 5 de junio pasado se celebró la elección constitucional para elegir al gobernador y a los componentes del Poder Legislativo, la ciudadanía aprovechó la oportunidad para convertir ese evento en resolutivo plebiscito a través del cual expresó un hasta aquí a una clase política educada para el latrocinio, una ralea de individuos caracterizados por la improvisación e impericia en el servicio público, explicable porque si bien es posible la mutación de siervo a príncipe, cuando se consigue de manera abrupta el resultado no siempre es rentable, tal cual ahora lo comprobamos.
Ya se han formulado diversas hipótesis sobre el “hubiera” de aquella elección, la más destacada es que de no producirse la alternancia todo hubiera quedado en la opacidad de las sospechas, sin la certidumbre que ahora conocemos y quizá Duarte de Ochoa hubiera recibido aplausos en la sesión solemne de toma de posesión con la bancada priista y colaboradores del nuevo gobierno, quiérase o no, puestos de pie. Por esta ocasión gracias al cambio la realidad ha revelado que las finanzas públicas caminan sobre arenas movedizas y que el sucesor de Duarte encontró un camino minado cuyo desbrozo ocupará semanas y quizás meses en un contexto donde el tiempo es factor porque transcurre inexorablemente frente a innumerables expectativas por cumplir.
Por otro lado, el Congreso local está compuesto por elementos diversos, que se mueven cada cual orientado por un futurismo políticamente convenenciero: los priistas aprovechan su inveterada experiencia, y al verse en desventaja numérica acechan alianzas según convenga; el PAN-PRD se mueven en bloque que suma sus votos, acomodados en la logística del proceso electoral municipal que viene, coordinándose con los dictados procedentes de áreas del Poder Ejecutivo, cual debe de ser; Morena sabe su cuento, es el partido de la discordia y tiene a todos en contra, pero su bancada es segunda en número y la convierte en pieza clave en las negociaciones del Congreso; los llamados “mixtos” saben del valor de su voto y actúan en consecuencia. Ese universo de pluralidad no es inédito porque en 2004 el PAN obtuvo bancada mayoritaria, aunque el gobernador de entonces pudo comprar los votos de la “oposición” más maleable representada por el PRD y logró superar ese escollo. Hasta ahora Yunes Linares ha negociado con éxito los votos del Congreso, fiel constancia son Winkler, la marcha atrás en decretos y leyes de nocivas consecuencias, la adecuación a la Ley de Ingresos,  etc.
En este escenario, el titular del Poder Ejecutivo enfrenta una crisis económica de proporciones magníficas; la herencia es onerosa en deudas y en burocracia engordada a propósito para minarle el camino. Duarte de Ochoa se encargó de esa estrategia, privilegió la venganza política sin reparar en el daño a los veracruzanos, hasta ese grado fue su catarsis perdedora. Tuvo respuesta: En su mensaje de toma de posesión el gobernador entrante fue explícito: empezó a operar políticamente desde su condición de gobernador electo, y sin duda obtuvo resultado exitoso al obligar la licencia de Duarte de Ochoa para dejar el cargo, técnicamente fue un derrocamiento que ocasionó la fuga anticipada del jefe de la banda en el poder durante el periodo 2010-2016.
Eso forma parte de un pasado inmediato imposible de desligarse del presente porque sus efectos son innegables. El presente diagnostica que ni la bancarrota ni la inseguridad pública son expedientes cuya solución se logra en un mes de gobierno, pero es indiscutible que la prioridad debe ser alcanzar seguridad en las calles y tranquilidad en los hogares veracruzanos, porque pronto perderá vigencia el argumento de cargarle culpas al pasado, y si bien el fardo es pesado la sociedad empezará a exigir resultados, la expectativa no implica largo plazo.
Hospitales con medicinas, conclusión de obras iniciadas, reparación de caminos, apaciguamiento de grupos sociales con necesidades insatisfechas, están entre otros asuntos indexados a la solución de la bronca financiera de la administración pública. Para colmo, la ley electoral establece una tregua publicitaria, silencio del gobierno respecto de lo que hace o va a hacer, y ese trance se avecina a velocidad vertiginosa, por eso, si algún gobierno confronta escenarios espinosos es el que encabeza Miguel Ángel Yunes Linares.  Dos años no son suficientes, suman 24 meses, quedan 23 y contando, “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...” Cosas veredes Cid.

2-3n3ro-2017

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