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domingo, 15 de enero de 2017

CAMALEÓN El Avatar priista alfredobielmav@hotmail.com 13-3n3ro-2017.

CAMALEÓN
El Avatar priista
La ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, asegura que en estos tiempos “es muy difícil ser priista”, quizá se refiere al enorme desprestigio y rechazo que sufre la imagen del presidente priista Enrique Peña Nieto, lo que colateralmente daña a su partido; sin embargo, habrá que reconocerle optimismo pues con todo el enojo ciudadano en contra doña Ivonne recorre el país presuntamente para conseguir la candidatura priista a la presidencia de la república. Ese síndrome de desaliento partidista se notó, aunque en circunstancias diferentes, en Jesús Murillo Karam cuando en julio de 2000, en su carácter de presidente del Consejo Político del PRI, asumió la derrota como señal  de la necesaria adecuación del PRI a las nuevas circunstancias. La presidenta en derrota Dulce María Saury fue ratificada en el cargo por el presidente Zedillo.
Respecto a la experiencia actual son diferentes las circunstancias porque en 2000 el PRI perdió la elección presidencial pero aún gobernaba en 19 estados de la república mexicana. Ahora está nuevamente en Los Pinos pero su cuota de gobernadores ha reducido sensiblemente y entidades con elevado número de electores, Veracruz por ejemplo, ya no figura en su inventario. El Partido hegemónico resistió la derrota electoral en 2006 y como Ave Fénix resurgió en 2012; fue una gran odisea venir de dos derrotas y alcanzar la victoria. Entonces, en el colmo del entusiasmo se habló de “un nuevo PRI”, pero también en el esplendor del mal fario quienes sirvieron para alimentar esa alegoría: Humberto Moreira, César Duarte, Rodrigo Medina, Roberto Borge y Javier Duarte, todos sin excepción, resultaron el non plus ultra de la corrupción, difícilmente en un script del teatro de lo absurdo se hubiera imaginado trama tan decadente. Ahora Javier Duarte de Ochoa es el paradigma de la corrupción en México, su imagen es la antítesis de lo que México requiere para superar traumas históricos y seguir adelante.
El Partido Revolucionario Institucional es parte sustantiva en la historia de nuestro país, pocos de nuestros avatares nacionales pudieran explicarse sin su presencia desde el momento de su creación (enero de 1946), porque a su vez fue el producto de dos organizaciones previas que cimentaron políticamente al país desde 1929, cuando nace el Partido Nacional Revolucionario, y el Partido de la Revolución Mexicana (1938). Partido hegemónico, el PRI fue el escenario de las alternancias políticas en México, fue el conducto sexenal, vertical y horizontal, por el que transitaron generaciones de políticos luchando y alternándose en el ejercicio del poder, en los acomodos de un grupo por otro se producían los cambios sociales y económicos.
Para armar esa enorme estructura institucionalizada se requirió de individuos con sensibilidad para comprender su entorno social, político y económico, así como para vislumbrar lo que a México convenía. La etapa de creación de organizaciones obreras, campesinas, burocráticas, políticas y empresariales guarda un acentuado valor histórico, porque con el correr del tiempo formarían el andamiaje que sostuvo el crecimiento y el progreso de México. La CTM, la CNC, la FSTSE, la CANACO, la COPARMEX, fungieron como interlocutores colectivos y corporativos entre la sociedad y el gobierno, a un ritmo impuesto según el estilo del Gran Tlatoani investido como presidente de la república.
Sin embargo, las ataduras atávicas imponían sus condicionantes: aún nos quedaba la manía casi congénita de ver al poderoso como si fuera un ser excelso. Sin duda, aquello del decoro en el desempeño de los cargos públicos es cierto, el político de alguna manera se hacía respetar y era respetado, lejos de la lamentable percepción que ahora despierta.  Sobre si estaba exento de prácticas corruptas, ese es otro cantar que al igual que el endiosamiento nos viene de genética, transmitida desde la conquista, la colonia y el virreinato, contra el cáncer de la corrupción hasta ahora nadie ha podido.
Y como el ejercicio del Poder desgasta, el PRI está cosechando el enojo social ocasionado por las acciones de sus gobiernos, el federal y muchos estatales. Porque, además, en su larga existencia olvidó crear o sumar a sus filas líderes sociales auténticos que lo rescataran de momentos difíciles como los que ahora enfrenta. Muestra muy clara la tenemos en Veracruz en donde busca sin encontrar al relevo de Amadeo Flores Espinosa al frente de su CDE porque el universo en donde esculca solo existen cartas marcadas, que no representan cambio ni esperanza social, sino más de lo mismo. Todo es resultado de largos años en el poder, principalmente los últimos doce cuando fue secuestrado, salvo honrosas excepciones, por un grupo de discípulos amaestrados en el arte del patrimonialismo político. ¿De ese universo va a salir el nuevo presidente estatal priista? De ser así no habrá diagnóstico erróneo si se vaticina la derrota total.
13-3n3ro-2017.



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