CAMALEÓN
El despeñadero.
Cada país va transitando según
su historia, por lo que sin duda es en la enseñanza de los tiempos en donde
encontramos la explicación del presente y podemos vislumbrar el futuro
inmediato. Leyendo los trozos cronológicos de nuestro pasado podemos entender el
porqué de lo que ahora ocurre; pero sucede que somos ajenos a esa lectura, causa
principal de nuestra sorpresa ante lo que sucede, cuando todo está escrito en
el libro de nuestros antecedentes sociales, económicos y políticos.
El símil sobre que el árbol
nos impide ver el bosque se acredita si lo aplicamos a la realidad social, pues
es acentuadamente cierto que las preocupaciones cotidianas ocultan lo que
acontece con contenido trascendente. Por caso, ¿cuántos saben de la existencia
de un Congreso Constituyente ahora mismo comprometido en discusiones cuyo
epilogo será el compendio normativo de una Constitución que regirá los destinos
de una figura nueva que sustituye a lo que por muchos años fue el Distrito
Federal y ahora será la Ciudad de México. ¿Cuántos de nuestros contemporáneos
reparamos en ese evento de gran trascendencia para una población casi
equivalente a la que México tenía hace cien años, cuando en 1917 se expidió la
Constitución Política de la República Mexicana?
En un plazo menor a 30 días
estaremos celebrando los cien años de la promulgación de nuestra Carta Magna,
ese texto normativo que nos ha permitido subsistir como un país multicultural y
gracias a su vigencia nos mantenemos unidos como nación, a pesar de nuestra
diversidad cultural, social y política. Con toda la importancia de este hecho
histórico, los acontecimientos del ahora lo confinan a un segundo plano.
Sin embargo, existe
explicación que lo justifica.
Además de la problemática que
como país enfrenta México, cada una de las entidades federativas vive su muy
particular experiencia, derivada de sus propias características. Ahora mismo
atravesamos por la dura experiencia de soportar una disposición del gobierno
federal que en mayor o menor medida afecta a cada una de las partes federadas,
y en esa proporción son las consecuencias y reacciones.
El llamado gasolinazo, aunado
al alza de las tarifas eléctricas, ha motivado reacciones en proporción directa
a lo drástico de la acción de gobierno. ¿Por qué en Veracruz, Estado de México,
Michoacán, etc., las reacciones se manifiestan con saqueos a comercios y
gasolineras? Una explicación la
encontramos en el grado de marginación y pobreza de sus pobladores; hay
causalidad que explica la reacción diferente a la de entidades con mayor grado
de desarrollo y empleo. Por supuesto, sin eludir que existen grupos de poder
factico con considerable capacidad para la movilización.
Más aún porque en Veracruz
desde el gobierno durante años hemos sido brutalmente saqueados, generando
enojo en la población que clama justicia y no confía en las autoridades. Recuperar
el crédito corre a cargo de un fenómeno desconocido hasta junio del pasado año:
la alternancia, representada por un nuevo gobierno, encabezado por un político
bajo cuya responsabilidad recae el éxito o el fracaso, y a quien el tiempo y
las circunstancias hacen las veces de espada de Damocles. La esperanza gravita
en el castigo a los culpables del desastre, al igual que en realizar los
cambios para que no vuelva a ocurrir un periodo tan siniestro como el
acontecido.
“Siempre quise ser gobernador
de mi estado…” confesó Miguel Ángel Yunes Linares en su toma de posesión del
gobierno estatal, válida aspiración del animal político, pero pesado compromiso
si la intención antepuesta a la fruición personal es el propósito de inscribir
un legado positivo de su paso por el Poder estatal. De ser así, la combinación
entre deseo personal y vocación de servicio inspirarán las acciones de
gobierno; lo contrario pudiera ser la expresión del quítate que ahora me toca a
mí.
Es dura prueba para el
político que aspiró y llegó. Porque en el escenario el fondo y la forma lo
ocupa una población decepcionada de sus políticos, como un padre desilusionado
de sus criaturas a las que no acertó a educar para velar por el bien común, que
esa figura y no otra es la sociedad desencantada de sus políticos, fiel
expresión de sus entrañas. ¿Podrá el gobernador con el reto que significa poner
de pie a la administración pública y emprender las acciones reivindicatorias?
Solo, no podrá lograrlo, con la sinergia social es posible, he allí el detalle.
7-3n3ro- 2017.
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