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miércoles, 22 de febrero de 2017

CAMAELÓN Hasta la victoria ¿Siempre? Al igual que en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, en Veracruz ha iniciado el periodo para presentar candidaturas en cada uno de los partidos participantes, nueve en esta entidad: Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC), Nueva Alianza, Morena y Encuentro Social, son muchos pero no son tantos, porque no todos pintan. Mientras el PAN-PRD apartan 120 municipios en donde presumiblemente pueden ganar, en la hipótesis panista debe suponerse que las 72 restantes serían repartidas entre el PRI, Morena, Movimiento Ciudadano y alguna piscacha para el Panal, el PT y el PES. Por su parte, en el otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional, se aplican a la tarea de diseñar candidaturas ganadoras en aproximadamente 30 municipios, una pírrica cuota de victorias electorales inimaginables aun en sus peores pesadillas. Morena crece en la percepción ciudadana y como modelo en boga se multiplican sus pretendientes. En junio conoceremos los porcentajes de victorias, pero en el fondo lo importante radica en la calidad de los triunfos, porque no es igual agenciarse Xalapa, Orizaba, Córdoba, Veracruz, Coatzacoalcos, por ejemplo, que Tlaquilpa, Soconusco, Tezonapa o Yecuatla. Hubo un tiempo, 1997, cuando el PAN logró gobernar el llamado Cinturón Azul en el centro de la entidad veracruzana, integrado por Córdoba, Veracruz- Boca del Río, fue la época de su gran desplante electoral, cuando la paradoja de la historia registra la debacle priista al perder 107 municipios, bajo el encargo del hoy gobernador de Veracruz, entonces priista. Después agregó Orizaba, de eso no ha transcurrido mucho tiempo, aunque, sin duda, las circunstancias actuales son muy otras a las del reciente pasado. Ahora encontramos un PRI en la oposición, azorado, inmerso en la urgente tarea de resolver candidaturas, que lo distraen para atender delicados casos como pudiera ser la necesaria remoción de la presidenta de la Fundación Colosio, sometida a serios señalamientos de barandilla respecto de un suculento patrimonio inmobiliario de súbito crecimiento que podría convertirse en un quemante expediente. En sus dramáticas reflexiones Franz Kafka narró múltiples casos cuyo jaez bien pudiera identificarse con los del teatro del absurdo; sin embargo, la realidad aporta sustantivos elementos para el interesado en ese género: el doctor Pablo Anaya Rivera, ex diputado federal, ex alcalde de Poza Rica, busca postularse candidato a presidente municipal, a pesar de estar denunciado por el Secretario de Salud por irregularidades cometidas durante su desempeño al frente de esa Secretaría. Ripley enriquecería su acerbo con la aspiración de Iván López Fernández, ex contralor en el gobierno pasado, también denunciado ante la Fiscalía General del estado, pero suspira por ser candidato a alcalde de Emiliano Zapata; lo absurdo radicaría en que a pesar de esos antecedentes se les postulara. Absurdo, pero no imposible, porque el PES, AVE, PT, Panal, buscan con desesperación a quienes les hagan el gasto para justificar su existencia. Dentro del esquema político mexicano vivimos tiempos de excepción: un presidente de la república enmarañado en temas de corrupción, de crisis económica, de baja aprobación ciudadana, pero con la oportunidad histórica de situar a México en alto sitial de dignidad frente a un furioso vecino cuyo discurso nos afrenta. Por nuestro estado, el panorama incluye un casi frustrado debate contra la corrupción, un gobierno de alternancia ubicado en la tesitura de enderezar a Veracruz pero no cuenta con recursos financieros, y por añadidura enfrenta el reto de la delincuencia organizada y elevados índices delincuenciales y acude a mecanismos mediáticos para distraer la atención respecto de problemas torales. Por el lado de los Partidos políticos, un PRI cuya debacle oculta la inevitable decadencia del PRD que acude a la “Ilógica, absurda y contradictoria” alianza con el PAN, según refiere Cárdenas, y porque Morena lo adelgaza aún más substrayéndole militancia; y por una ciudadanía cuya inercia se va inclinando hacia MORENA como un presunta esperanza para México. alfredobielmav@hotmail.com. 22- f3br3r0- 2017.

CAMAELÓN
Hasta la victoria ¿Siempre?
Al igual que en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, en Veracruz ha iniciado el periodo para presentar candidaturas en cada uno de los partidos participantes, nueve en esta entidad: Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC), Nueva Alianza, Morena y Encuentro Social, son muchos pero no son tantos, porque no todos pintan.
Mientras el PAN-PRD apartan 120 municipios en donde presumiblemente pueden ganar, en la hipótesis panista debe suponerse que las 72 restantes serían repartidas entre el PRI,  Morena, Movimiento Ciudadano y alguna piscacha para el Panal, el PT y el PES. Por su parte, en el otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional, se aplican a la tarea de diseñar candidaturas ganadoras en aproximadamente 30 municipios, una pírrica cuota de victorias electorales inimaginables aun en sus peores pesadillas. Morena crece en la percepción ciudadana y como modelo en boga se multiplican sus pretendientes. En junio conoceremos los porcentajes de victorias, pero en el fondo lo importante radica en la calidad de los triunfos, porque no es igual agenciarse Xalapa, Orizaba, Córdoba, Veracruz, Coatzacoalcos, por ejemplo, que Tlaquilpa, Soconusco,  Tezonapa o Yecuatla.
Hubo un tiempo, 1997, cuando el PAN logró gobernar el llamado Cinturón Azul en el centro de la entidad veracruzana, integrado por Córdoba, Veracruz- Boca del Río, fue la época de su gran desplante electoral, cuando la paradoja de la historia registra la debacle priista al perder 107 municipios, bajo el encargo del hoy gobernador de Veracruz, entonces priista. Después agregó Orizaba, de eso no ha transcurrido mucho tiempo, aunque, sin duda, las circunstancias actuales son muy otras a las del reciente pasado. Ahora encontramos un PRI en la oposición, azorado, inmerso en la urgente tarea de resolver candidaturas, que lo distraen para atender delicados casos como pudiera ser la necesaria remoción de la presidenta de la Fundación Colosio, sometida a serios señalamientos de barandilla respecto de un suculento patrimonio inmobiliario de súbito crecimiento que podría convertirse en un quemante expediente.
En sus dramáticas reflexiones Franz Kafka narró múltiples casos cuyo jaez bien pudiera identificarse con los del teatro del absurdo; sin embargo, la realidad aporta sustantivos elementos para el interesado en ese género: el doctor Pablo Anaya Rivera, ex diputado federal, ex alcalde de Poza Rica, busca postularse candidato a presidente municipal, a pesar de estar denunciado por el Secretario de Salud por irregularidades cometidas durante su desempeño al frente de esa Secretaría. Ripley enriquecería su acerbo con la aspiración de Iván López Fernández, ex contralor en el gobierno pasado, también denunciado ante la Fiscalía General del estado, pero suspira por ser candidato a alcalde de Emiliano Zapata; lo absurdo radicaría en que a pesar de esos antecedentes se les postulara. Absurdo, pero no imposible, porque el PES, AVE, PT, Panal, buscan con desesperación a quienes les hagan el gasto para justificar su existencia.
Dentro del esquema político mexicano vivimos tiempos de excepción: un presidente de la república enmarañado en temas de corrupción, de crisis económica, de baja aprobación ciudadana, pero con la oportunidad histórica de situar a México en alto sitial de dignidad frente a un furioso vecino cuyo discurso nos afrenta.
Por nuestro estado, el panorama incluye un casi frustrado debate contra la corrupción, un gobierno de alternancia ubicado en la tesitura de enderezar a Veracruz pero no cuenta con recursos financieros, y por añadidura enfrenta el reto de la delincuencia organizada y elevados índices delincuenciales y acude a mecanismos mediáticos para distraer la atención respecto de problemas torales. Por el lado de los Partidos políticos, un PRI cuya debacle oculta la inevitable decadencia del PRD que acude a la “Ilógica, absurda y contradictoria” alianza con el PAN, según refiere Cárdenas, y porque Morena lo adelgaza aún más substrayéndole militancia; y por una ciudadanía cuya inercia se va inclinando hacia MORENA como un presunta esperanza para México.
22- f3br3r0- 2017.
Al igual que en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, en Veracruz ha iniciado el periodo para presentar candidaturas en cada uno de los partidos participantes, nueve en esta entidad: Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México (PVEM), Movimiento Ciudadano (MC), Nueva Alianza, Morena y Encuentro Social, son muchos pero no son tantos, porque no todos pintan.
Mientras el PAN-PRD apartan 120 municipios en donde presumiblemente pueden ganar, en la hipótesis panista debe suponerse que las 72 restantes serían repartidas entre el PRI,  Morena, Movimiento Ciudadano y alguna piscacha para el Panal, el PT y el PES. Por su parte, en el otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional, se aplican a la tarea de diseñar candidaturas ganadoras en aproximadamente 30 municipios, una pírrica cuota de victorias electorales inimaginables aun en sus peores pesadillas. Morena crece en la percepción ciudadana y como modelo en boga se multiplican sus pretendientes. En junio conoceremos los porcentajes de victorias, pero en el fondo lo importante radica en la calidad de los triunfos, porque no es igual agenciarse Xalapa, Orizaba, Córdoba, Veracruz, Coatzacoalcos, por ejemplo, que Tlaquilpa, Soconusco,  Tezonapa o Yecuatla.
Hubo un tiempo, 1997, cuando el PAN logró gobernar el llamado Cinturón Azul en el centro de la entidad veracruzana, integrado por Córdoba, Veracruz- Boca del Río, fue la época de su gran desplante electoral, cuando la paradoja de la historia registra la debacle priista al perder 107 municipios, bajo el encargo del hoy gobernador de Veracruz, entonces priista. Después agregó Orizaba, de eso no ha transcurrido mucho tiempo, aunque, sin duda, las circunstancias actuales son muy otras a las del reciente pasado. Ahora encontramos un PRI en la oposición, azorado, inmerso en la urgente tarea de resolver candidaturas, que lo distraen para atender delicados casos como pudiera ser la necesaria remoción de la presidenta de la Fundación Colosio, sometida a serios señalamientos de barandilla respecto de un suculento patrimonio inmobiliario de súbito crecimiento que podría convertirse en un quemante expediente.
En sus dramáticas reflexiones Franz Kafka narró múltiples casos cuyo jaez bien pudiera identificarse con los del teatro del absurdo; sin embargo, la realidad aporta sustantivos elementos para el interesado en ese género: el doctor Pablo Anaya Rivera, ex diputado federal, ex alcalde de Poza Rica, busca postularse candidato a presidente municipal, a pesar de estar denunciado por el Secretario de Salud por irregularidades cometidas durante su desempeño al frente de esa Secretaría. Ripley enriquecería su acerbo con la aspiración de Iván López Fernández, ex contralor en el gobierno pasado, también denunciado ante la Fiscalía General del estado, pero suspira por ser candidato a alcalde de Emiliano Zapata; lo absurdo radicaría en que a pesar de esos antecedentes se les postulara. Absurdo, pero no imposible, porque el PES, AVE, PT, Panal, buscan con desesperación a quienes les hagan el gasto para justificar su existencia.
Dentro del esquema político mexicano vivimos tiempos de excepción: un presidente de la república enmarañado en temas de corrupción, de crisis económica, de baja aprobación ciudadana, pero con la oportunidad histórica de situar a México en alto sitial de dignidad frente a un furioso vecino cuyo discurso nos afrenta.
Por nuestro estado, el panorama incluye un casi frustrado debate contra la corrupción, un gobierno de alternancia ubicado en la tesitura de enderezar a Veracruz pero no cuenta con recursos financieros, y por añadidura enfrenta el reto de la delincuencia organizada y elevados índices delincuenciales y acude a mecanismos mediáticos para distraer la atención respecto de problemas torales. Por el lado de los Partidos políticos, un PRI cuya debacle oculta la inevitable decadencia del PRD que acude a la “Ilógica, absurda y contradictoria” alianza con el PAN, según refiere Cárdenas, y porque Morena lo adelgaza aún más substrayéndole militancia; y por una ciudadanía cuya inercia se va inclinando hacia MORENA como un presunta esperanza para México.

22- f3br3r0- 2017.

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