CAMALEÓN
El México que viene
alfredobielmav@hotmail.com18- f3br3r0- 2017.
En
México, una tesis de geopolítica pudiera versar acerca del número de gobiernos
estatales requeridos para ganar una elección para la presidencia de la
república. La premisa rezaría: “El partido político que gobierne en el Estado
de México, la Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Puebla lleva considerable
ventaja electoral”. La segunda condición consistiría en factores tales como la
personalidad del candidato, la suma de factores fácticos, las alianzas
electorales, y la aceptación o rechazo de la ciudadanía hacia el gobierno en
turno.
En
nuestra realidad el PRI hace gobierno en 15 entidades, el PAN en ocho, el PRD
en cuatro y formalmente hacen coalición en tres; el PVEM gobierna Chiapas y en
Nuevo León funciona un gobierno surgido por la vía independiente. En concreto
el PAN es la segunda fuerza electoral federal en las Cámaras de Diputados y
Senadores, y gobierna en los estados de Aguascalientes, Baja California, Baja
California Sur, Chihuahua, Guanajuato, Puebla, Querétaro
y Tamaulipas, y aunque hizo coalición con el PRD en Durango, Quintana Roo
y Veracruz, al menos en este último el Sol Azteca no pinta.
Como
antecedente histórico debemos señalar la elección federal de 1988 como un
auténtico parteaguas político, con características similares a las de 1940, la controvertida
elección de Ávila Camacho (PRM), que enfrentó la fuerte oposición del general
Juan Andrew Almazán postulado por el Partido Revolucionario de Unificación
Nacional (PRUN), quien calificó la elección de fraudulenta; y la de 1952 en que
se eligió presidente por el PRI a don Adolfo Ruiz Cortines, a quien el general
Miguel Enríquez Guzmán opuso fuerte resistencia a través de la Federación de
Partidos del Pueblo. Fueron elecciones polémicas, tal cual sucedió en 1988
cuando Cuauhtémoc Cárdenas alegaba haber triunfado.
Un
año después de esa elección, en 1989, el PRI perdió el gobierno de Baja
California Norte frente al candidato del PAN Ernesto Ruffo Appel; a
continuación vinieron en cascada otros estados para el PAN: Guanajuato,
Chihuahua, Aguascalientes, entre otros. Por su parte, el PRD en 1887 ganó el
Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas al frente; siguió Zacatecas, en
alianza con el Partido del Trabajo, después Tlaxcala y a continuación
Michoacán, Guerrero y Tabasco. Por estos expedientes el Partido Revolucionario
Institucional dejaba de ser el Partido Hegemónico de México; pero más aún a
partir del 2000 cuando perdió la presidencia de la república frente al PAN.
Regresando
a la tesis referida: por las elecciones de 2016 el PRI perdió buena parte del
control del territorio nacional, pues ahora gobierna sólo 46% de las entidades,
mientras partidos opositores controlan
el 54% restante. Tras del proceso electoral de 2016 el PRI, que gobernaba 66
millones 368 mil 197 personas, ahora reduce sustancialmente esa proporción a 53
millones de habitantes de 15 entidades, es decir, tuvo una pérdida de 19.2% de población
gobernada.
En
estas circunstancias el panorama para el PRI a futuro se advierte muy
complicado. Ya no controla políticamente estados de numeroso padrón electoral,
salvo el Estado de México que pudiera conservar en las elecciones de junio
próximo. Entonces, si el tricolor ha perdido sustantivas porciones de poder
¿estará en condiciones de competir con solvencia en 2018? La política es
ciencia de lo posible, no ciencia ficción, y considerando la inminencia de los
acontecimientos electorales, este de 2017 y el 2018, difícilmente podrá
recuperarse, si bien lo intenta al convocar a Consejo Político Nacional para el
21 del mes en curso para proponer la creación de una Secretaría encargada de
coordinarse con los estados en donde es oposición.
Dentro
de la lógica futurista, ni Peña Nieto ni su partido pueden estar ajenos al
porvenir político del país. Solo un párvulo político podría ignorar el dinámico
crecimiento del Movimiento de Regeneración Nacional de López Obrador y que el
pragmatismo político avisa la coalición de intereses entre el peñismo y el PAN,
de allí la propuesta para la segunda vuelta en un intento por evitar la
avalancha lopezobradorista.
El
PAN no gobierna ni la ciudad de México ni el Estado de México, como sugeriría
la tesis en comento, sin embargo los factores de poder se están alineando para
regresarlo a Los Pinos. Esta configuración confirmaría la hipótesis porque
tendría a su lado Veracruz (PAN) y el Estado de México (PRI), Puebla y otros
gobiernos alineados en ese proyecto. Si bien López Obrador es la esperanza de
México, no todo lo decide la ciudadanía, pensar lo contrario es caer en el
romanticismo nonagésimo.
alfredobielmav@hotmail.com18- f3br3r0- 2017.
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