Veracruz: competitividad (inseguridad II)
Alejandro Soto Domínguez
(QUINTA PARTE)
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Las
finanzas veracruzanas están quebradas Seguiremos con las peores carreteras del
país (Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015), la
integración del territorio tendrá que esperar, así como las plantas de
tratamiento, drenaje, agua potable, centros hospitalarios y educativos, entre
otras obras urgentes.
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.Si lo
anterior no fuera suficiente, la inseguridad está presente a lo largo y ancho
del territorio veracruzano, como se expresó en la pasada colaboración, la
actividad empresarial y la ciudadanía son presa de la delincuencia. Esta
herencia de doce años atrás no pueden con ella.
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Veracruz,
es la entidad federativa con el mayor número de policías en activo que no
aprobaron el examen de confianza (28 por ciento), conforme al último informe
fechado el 31 de diciembre de 2016, por parte del Sistema Nacional de Seguridad
Pública (SNSP).
Sombría situación hoy en
día presenta el estado de Veracruz, como ya se analizó en las primeras tres
colaboraciones, las finanzas veracruzanas están quebradas, producto de las
locuras, por decir lo menos, realizadas en las tres últimas administraciones
del Gobierno del Estado, solamente hay recursos para lo indispensable. Hay que
olvidarse de las grandes obras de infraestructura enfocadas al incremento de la
competitividad estatal para la atracción de la inversión privada, y en
consecuencia el desarrollo económico con empleos bien remunerados y
prestaciones sociales. Estas acciones tendrán que realizarlas la iniciativa privada
y el Gobierno Federal. La locomotora de las actividades económicas, que
representa la industria de la construcción esta semiparalizada, el volumen de
trabajadores afilados Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) continúa
cuenta abajo. Seguiremos con las peores carreteras del país (Encuesta Nacional
de Calidad e Impacto Gubernamental 2015), la integración del territorio tendrá
que esperar, así como las plantas de tratamiento, drenaje, agua potable,
centros hospitalarios y educativos, entre otras obras urgentes.
Si lo anterior no fuera
suficiente, la inseguridad está presente a lo largo y ancho del territorio
veracruzano, como se expresó en la pasada colaboración, la actividad
empresarial y la ciudadanía en general, de acuerdo con las encuestas que
levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el estado,
todas y cada una apuntan que los ciudadanos veracruzanos (habitantes mayores de
18 años) su principal preocupación es el temor de ser víctimas de un delito por
parte de la delincuencia en un 85.1 por ciento. Muy por arriba del desempleo
(principal preocupación en el 2011), pobreza, salud, inflación y corrupción.
Ocupamos el cuarto lugar nacional dentro de las entidades federativas más
intimidantes del país. La inseguridad se ha convertido en el mayor obstáculo
del crecimiento económico y social de Veracruz, debería ser la principal
prioridad de los tres órdenes de gobierno.
En esta tesitura, me
permitiré citar algunos resultados que arrojó la Encuesta Nacional de
Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2016. La cifra
negra (la no denuncia) que se integra con la suma de los delitos captados por
la encuesta, hayan sido o no denunciados ante el Ministerio Público (hoy Fiscalía),
representa el 94.8 por ciento del total de los delitos. De las más altas del
país, solo abajo de Guerrero y del Estado de México. Las causas principales de
este fenómeno, son por razones atribuibles a las autoridades correspondientes
(59.2 por ciento). Cuando se denuncia, los ciudadanos (53.1 por ciento) reciben
un trato de malo a muy malo. El 76.8 por ciento de los ciudadanos opinan que
las cosas seguirán igual o empeoraran en el tema que hoy que nos ocupa. Pero lo
que está afectando al pequeño y mediano empresario es la extorción, es el delito
declarado con mayor frecuencia (33.5 por ciento), 10 puntos arriba del promedio
nacional. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana 2016, señala que el
93.4 por ciento de los habitantes mayores de 18 años de Coatzacoalcos, opinan
que su ciudad es insegura, reprobando ampliamente a su autoridad local y a la
policía estatal. Esta ciudad se convirtió en un santuario de los peores
delincuentes del país.
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