CAMALEÓN
INSEGURIDAD Y CORRUPCIÓN
Tomando en consideración que el actual gobierno
de Veracruz cubrirá un periodo de dos años y no de seis pudiéramos asumir la
importancia de cada mes transcurrido, porque lo que no se realice en ese lapso
opera contra las expectativas de la sociedad respecto a un gobierno en el que
depositó confianza y esperanzas después de un aciago docenato de gobiernos
depredadores en grado sumo. En este caso cada año cuenta por tres.
Han transcurrido cuatro meses a partir de la
toma de posesión de un gobierno emanado de una alternancia a la que el
escenario sociopolítico otorga tintes de transición: ya por la intensidad de
los acontecimientos, ya porque en el trance ha dejado de gobernar un partido
político de añosa permanencia en el poder. Y porque, además, el arranque de la
nueva administración es de penuria económica, visto el desastroso menaje
administrativo y financiero recibido como fatal herencia.
Lucha contra la corrupción y combate a la
delincuencia son dos de los supuestos básicos ofrecidos por el actual gobernante
a la población veracruzana, cuya desesperanza la condujo a votar a favor de
quien consideró apto para la tarea de reconstruir Veracruz al tiempo de
castigar la ineficiencia y la corrupción; y en esa lógica no faltan quienes,
exasperados, exigen la solución a problemas dilatadamente postergados.
Sin embargo, en buen castellano nadie en su
sano juicio pudiera esperar una solución inmediata al problema de la
inseguridad que priva en la entidad veracruzana después de 12 años de cómplice
abandono. Por el contrario, los hechos delictuosos se han incrementado
sustancialmente en la entidad. El gobernador ha acudido a instancias federales
y por fortuna ha encontrado respuesta que esperamos consigan resultados
positivos. No es alentador el diagnóstico: “sería una mentira decirle a los
veracruzanos que este problema tiene una solución a corto plazo, este problema
tiene una solución de paso a paso (…) vamos a cumplir el compromiso de que
Veracruz vuelva a ser una entidad segura, donde todos vivamos en paz y
tranquilidad…”, reitera Miguel Ángel Yunes.
Ojala así sea, porque de norte a sur del
territorio veracruzano los demonios andan sueltos sin dique que los contenga, y
porque los cuerpos policiales se integran, en parte, con elementos que no han
aprobado los exámenes de confianza. En contrario sensu a la inercia del
gobierno precedente, el encabezado por Yunes Linares ha asumido con la
responsabilidad del caso el combate a la delincuencia, en lo que se antoja
ratificar la sentencia “si le va bien al gobierno, le va bien a la población.
El otro expediente, la corrupción, que cual la
Hidra de las siete cabezas a la que se cortaba una y crecían otras dos,
presenta múltiples facetas porque a ella está vinculado el enorme hueco
financiero reflejado en la descomunal deuda pública. Esgrimido como poderoso y
eficiente argumento de campaña, el tema de la corrupción fue otro de los ejes
en que fincó Yunes Linares su triunfo electoral; el modelo de la corrupción lo
caracterizó nada menos que el gobernador Duarte de Ochoa quien ya había ganado
a pulso ese estigma a grado tal que desde su propio partido le lanzaron duros
obuses.
Semejante a lo establecido por el principio de La
Ley de la Correspondencia que decía: “Como es arriba es abajo, y como es abajo es arriba”,
Duarte y compañía dedicaron el tiempo de un mandato popular a dilapidar el
presupuesto público, a arrogarse para sí el recurso destinado a beneficiar a
los veracruzanos, con tal insania que las dimensiones del daño provocado aún se
desconocen por la inmediatez del delito. Quienes incurrieron en ese agravio
contra la sociedad veracruzana alcanzan un elevado número, parecen legión, en
tal medida que será difícil aplicar el rigor de la ley a todos los infractores.
Algunos ya pisan cárcel, Bermúdez, Audirac y
Valencia son auténticos peces gordos a los que deben hacer compañía muchos
más. Sin embargo son pocos, porque aun
sin desear convertir la aplicación de la justicia en un circo romano, la
sociedad exige castigo, moral y punitivo, no selectivo, que sirva para
desalentar a quienes en lo sucesivo les gane la tentación de defraudar al
pueblo. Que así sea.
8-
abril- 2017.
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