REFORMAS
ESTRUCTURALES.
Joel
Hurtado Ramón
Las reformas llamadas
estructurales por el actual gobierno son únicamente los paliativos necesarios,
por el momento, en un proceso de transición que busca insertar a nuestro país
en un fenómeno político social llamado globalización.
La globalización es una
teoría entre cuyos fines se encuentra la interpretación de los eventos que
actualmente tienen lugar en los campos del desarrollo, la economía mundial, los
escenarios sociales y las influencias culturales y políticas. La globalización
es un conjunto de propuestas teóricas que subrayan especialmente dos grandes
tendencias: (a) los sistemas de comunicación mundial; y (b) las condiciones
económicas, especialmente aquellas relacionadas con la movilidad de los recursos
financieros y comerciales.
La globalización es un término
relativamente nuevo, acuñado por algunos
teóricos pero el fenómeno como tal empieza a darse con el descubrimiento de América.
Recordemos que este descubrimiento fue consecuencia de las necesidades
económicas del momento que buscaban reabrir una ruta diferente a la conocida
ruta de la seda y las especies de ahí que como todos sabemos los aborígenes del
nuevo mundo fueran denominados indios,
en relación a la India.
A través del proceso de
globalización, uno de los supuestos esenciales es que cada vez más naciones
están dependiendo de condiciones integradas de comunicación, el sistema
financiero internacional y de comercio. Por lo tanto, se tiende a generar un
escenario de mayor intercomunicación entre los centros de poder mundial y sus
transacciones comerciales.
Actualmente existen los
países calificados como del primer mundo, por su potencial económico, después
le siguen las economías llamadas emergentes: Brasil, Rusia, India, China,
Sudafrica, y otros. Por último están los que integran el bloque del tercer
mundo por su ineficiente desarrollo económico, político y cultural.
Este es un juego económico –político
donde como siempre los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán, el
gobierno mexicano actual está precisamente, tratando de poner los fundamentos
esenciales para estar en condiciones de lograr insertarse en esta justa
inequitativa por desigual pero a la cual hay que entrar sin miedo y con audacia
si no queremos quedar entre los países rezagados de la economía mundial.
En el caso de las llamadas
reformas estructurales que se tratan de implantar en el país existen muchos
intereses en pugna, la mayoría por conveniencia política, ideológica y personal
que se oponen oportunistamente no para
beneficio de la nación sino para que no se toquen sus cotos personales de poder
o simplemente con el afán de llevar agua
a su molino.
Los
fundamentos de la globalización señalan que la estructura mundial y sus
interrelaciones son elementos claves para comprender los cambios que ocurren a
nivel social, político, de división de la producción y de particulares
condiciones nacionales y regionales.
La premisa fundamental de la
globalización es que existe un mayor grado de integración dentro y entre las
sociedades, el cual juega un papel de primer orden en los cambios económicos y
sociales que están teniendo lugar. Este fundamento es ampliamente aceptado. Sin
embargo, en lo que se tiene menos consenso es respecto a los mecanismos y
principios que rigen esos cambios.
Algunos
países se están integrando a la economía mundial con mayor rapidez que otros.
En los países que han logrado integrarse, el crecimiento económico es más
rápido y la pobreza disminuye. Como resultado de la aplicación de políticas de
apertura al exterior, la mayor parte de los países de Asia oriental, que se
contaban entre los más pobres del mundo hace 40 años, se han convertido en
países dinámicos y prósperos. Asimismo, a medida que mejoraron las condiciones
de vida fue posible avanzar en el proceso democrático y, en el plano económico,
lograr progresos en cuestiones tales como el medio ambiente y las condiciones
de trabajo.
De acuerdo con Raúl
Gutiérrez Muguerza, presidente del Instituto para el Desarrollo Industrial y el
Crecimiento Económico (IDIC) más que reformas estructurales, el México de hoy
requiere la aplicación de una política integral de crecimiento, competitividad y
desarrollo industrial, con una estrategia nacional ordenada, focalizada,
transexenal y factible en un entorno democrático y de estabilidad, afirmó
“Las denominadas reformas estructurales que se
pospusieron en México cerca de 15 años, hoy son claramente insuficientes para
ponernos al día. Por supuesto que se requieren, pero si queremos crecer a tasas
por arriba de 6%, como lo demanda nuestra condición económica y social, tenemos
que hacer mucho más”.
Manifestó que parece obvio
enfatizar que la innovación es clave para lograr una mayor competitividad y que
ésta, a su vez, es condición necesaria para obtener mayores niveles de
crecimiento; sin embargo, en México “aún no hemos sido capaces de instaurar una
verdadera cultura de la innovación en la sociedad”.
Para volverse más competitivos, los países
tienen la imperiosa necesidad de hacer reformas en áreas estratégicas, de
manera que se cree el ambiente más propicio para el desarrollo empresarial, ya
sea por medio de la atracción de inversión y tecnologías extranjeras o por
medio del desarrollo de tecnología y empresas propias, o una combinación de
ambas.
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