Causas y consecuencias.
EL ORIGEN VIOLENTO DEL ESTADO.
Joel Hurtado Ramón.
IV
Las leyes del estado ideal son pocas y han
dejado atrás la edad negativista de los tabúes para entrar en la era del
progreso positivo de la libertad individual que resulta del aumento del
autocontrol. El estado exaltado no sólo obliga a sus ciudadanos a trabajar,
sino que también los incita al uso beneficioso y elevador del tiempo libre,
dando como resultado un aumento al avance progresivo de la edad de la
mecanización. El tiempo libre ha de producir además de consumir.
Ninguna sociedad ha progresado mucho permitiendo la ociosidad
o tolerando la miseria. Pero jamás podrán eliminarse la miseria y la
dependencia si las cepas defectuosas y degeneradas son mantenidas gratis y se
les permite reproducirse sin restricciones.
Una sociedad moral debe proponerse preservar la dignidad de su
ciudadanía y brindar a todo individuo normal una oportunidad adecuada para su
autorrealización. Este plan de logro social produciría una sociedad cultural de
orden superior. La evolución social debe ser fomentada por una supervisión
gubernamental que ejerza un mínimo de control regulador. El mejor estado es
aquél que coordina más y gobierna menos.
Los ideales de la existencia estatal se deben lograr mediante
la evolución, el desarrollo lento de la conciencia cívica, el reconocimiento de
la obligación y privilegio del servicio social. Después de una administración
de oportunistas políticos, los hombres primero asumen las cargas del gobierno como
deber, para más tarde ir en pos de este servicio porque lo consideran un
privilegio, el honor máximo. La condición de cualquier nivel de civilización se
refleja claramente en la calidad de los ciudadanos que se ofrecen para aceptar
las responsabilidades del estado.
En una verdadera mancomunidad la labor de gobernar las
ciudades y provincias es realizada por expertos y es administrada tal como lo
son todas las demás formas de asociaciones comerciales y económicas de la
gente.
En los estados avanzados, el servicio político se considera
la devoción máxima de la ciudadanía. La ambición suprema de los ciudadanos más
sabios y nobles es ganar el reconocimiento civil, ser
elegido o nombrado para alguna posición de confianza gubernamental, y que estos
gobiernos confieran a sus funcionarios civiles y sociales sus honores máximos
de reconocimiento por el servicio prestado. Luego se dispensan honores en este
orden, a los filósofos, educadores, científicos, industrialistas y militares. A
los padres se les recompensa debidamente por la excelencia de sus hijos; los
dirigentes puramente religiosos, siendo embajadores del reino espiritual,
reciben sus verdaderas recompensas en otro mundo.
4. LA CIVILIZACIÓN
PROGRESIVA
La economía, la sociedad y el gobierno tienen que evolucionar
si han de perdurar. Las condiciones estancadas en un mundo evolucionario son
indicativas de decadencia; sólo perduran aquellas instituciones que avanzan con
la corriente evolucionaria.
Y este progreso en las artes de la civilización va encaminado
directamente a la realización de las máximas metas humanas y divinas del
esfuerzo mortal —el logro social de la hermandad del hombre y la condición
personal de ser consciente de Dios, lo cual se manifiesta en el supremo deseo
de todo individuo de hacer la voluntad del Padre en el cielo.