Los veneros
que escrituró el diablo.
EL PETRÓLEO:
HISTORIAS AMARGAS.
Septima parte.
Joel Hurtado
Ramón
Historia tercera._Cuando
Enrico Mattei, fundador de la moderna industria energética de Italia, acuñó
enfurecido el término las Siete Hermanas para referirse a las compañías
anglosajonas que controlaban el petróleo de Medio Oriente después de la Segunda Guerra
Mundial, ni siquiera imaginaba el profundo cambio que ocurriría en la
correlación de fuerzas apenas medio siglo después.
Debido a que los precios del
petróleo se han triplicado en los cuatro años recientes, un nuevo grupo de
compañías gaseras y petroleras ha cobrado relevancia, ha consolidado su poder
en la búsqueda y concentración de recursos energéticos y ha causado pánico
entre los consorcios más grandes del mundo, aquellos que surgieron de las Siete
Hermanas originales: ExxonMobil y Chevron, de Estados Unidos, y las
europeas BP y Royal Dutch Shell.
Las nuevas Siete Hermanas,
las compañías energéticas más influyentes provenientes de países no miembros de
la Organización
para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos (OCDE), han sido identificadas por el Financial
Times, en colaboración con numerosos ejecutivos de la industria. Ellas son:
Saudi Aramco, de Arabia Saudita; Gazprom, de Rusia; CNPC, de China; NIOC, de
Irán; Pdvsa, de Venezuela; Petrobras, de Brasil, y Petronas, de Malasia.
Estas empresas, de propiedad
abrumadoramente estatal, controlan casi un tercio de la producción mundial de
gas y petróleo y más de un tercio de las reservas de ambos hidrocarburos. El
contraste: las viejas Siete Hermanas -cuyo número se redujo a sólo
cuatro durante la consolidación de la industria energética, en los años 90-
producen alrededor de 10 por ciento del petróleo y el gas del mundo y
concentran apenas 3 por ciento de las reservas; sin embargo, el hecho de ser
compañías integradas -lo que significa que no sólo venden petróleo y gas, sino
también gasolina, diesel y petroquímicos- les ha permitido obtener utilidades
muy superiores a las de sus nuevos competidores.
Robin West, presidente de PFC
Energy, consultora del sector energético, explica: "Las Siete Hermanas
fueron importantes porque ellas fijaban las reglas: controlaban la industria y
los mercados. Ahora las nuevas Siete Hermanas son las que imponen las
normas y las petroleras trasnacionales tienen que acatarlas".
El principal proveedor será
Saudi Aramco, la compañía petrolera más grande y moderna del orbe y, por tanto,
la primera en la lista del Financial Times. Luego del repunte de los
precios del crudo en 2002, Saudi Aramco puso en marcha el programa de
crecimiento más ambicioso en toda una generación, con el cual busca aumentar su
capacidad de producción de 11 millones de barriles al día (13 por ciento del
consumo mundial actual) a 12.5 millones y luego a 15 millones de barriles
diarios.
De esta forma, Saudi Aramco
consolidará su posición como la compañía petrolera más poderosa del mundo; ello
le permitirá a Riad seguir siendo el banquero central del mercado de crudo, el
que abrirá las válvulas cuando haya escasez global de suministro y las cerrará
cuando los precios disminuyan por debajo de un nivel que le resulte
confortable.
Las empresas petroleras
internacionales y los líderes de los principales países consumidores han
aprendido a aceptar el predominio de Saudi Aramco; sin embargo, la creciente
influencia de otras compañías nacionales les resulta más difícil de tragar. A
finales del año pasado, BP y Shell dejaron de estar entre los primeros lugares
en los mercados bursátiles; en cambio, Gazprom, de Rusia, y PetroChina (88 por
ciento propiedad de CNPC), se colocaron respectivamente en segundo y tercer
lugar entre las firmas del sector energético que cotizan en bolsa.
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