CAMALEÓN
Avatares en crisis
Flavino Ríos ya figura en la lista de
gobernadores de la entidad veracruzana, así lo prescribe su elección por la
legislatura local para cubrir un periodo de 47 días en sustitución de Javier
Duarte de Ochoa, cuya licencia fue obligada por los escándalos de corrupción e
ineptitud para llevar a buen fin una administración gubernamental. Por esos
motivos, a Flavino Ríos le toca transitar por un fin sexenal saturado de
problemas no resueltos, acumulados desde el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, punto
que pareciera un lugar común pero que en Veracruz se sustancia en los hechos.
El tránsito de Flavino Ríos por su
accidentado interinato lo agrava el pesado fardo de asuntos sin resolver, la
quiebra financiera, un Congreso local adverso a partir del 5 del mes en curso y
los resquemores de una alternancia que por vez primera experimentamos en
nuestro estado; no es exagerado apuntar que el gobernador está solo, porque su
equipo de colaboradores de confianza se reduce a una media docena, no más, el
resto cuida que su futuro inmediato no los lleva a preocupantes comparecencias
ante la fiscalía y los juzgados.
Ese es el designio inmediato de un actor
político cuya inserción en la lista de gobernadores antecede un tránsito complicado
durante 26 días más; pero ¿cuál es el futuro de ocho millones de habitantes cuyas
esperanzas fueron defraudadas por el continuismo de dos desgobiernos?
El periodo de gobierno iniciado en 2004 por
Fidel Herrera Beltrán, y reiniciado en 2010 por Javier Duarte de Ochoa, llega a
su ocaso en un escenario complicado por la insatisfacción popular, por el enojo
ciudadano contra dos administraciones de gobierno caracterizadas por la
corrupción y la inoperancia. Un largo periodo de desgobierno con dos titulares
incubados en circunstancias diferentes, pertenecientes a generaciones
distintas, que en este caso no significa necesariamente un relevo generacional
con avances substanciales, sino una interrelación entramada en base a complicidades,
uno le cubrió al otro sus desarreglos y ahora, superando al maestro en materia
de corrupción, paga las consecuencias llevándose aparte del dinero las
esperanzas rotas de todo un pueblo. Asistimos a un drama político en que el
ocaso de un régimen se confunde con el ocaso de un gobierno fallido. Ojala
renazca la esperanza popular.
¿Qué sigue? El cinco del mes en curso se constituye
una nueva legislatura que reemplaza a una de triste y reprochable memoria,
ejemplo de servilismo partidista, prototipo de la supeditación del Poder
Legislativo al Poder Ejecutivo. La nueva Legislatura se particularizará por la
participación de tres fuerzas políticas de acentuado protagonismo: PAN-PRD,
actuando como un bloque, PRI en aparente desventaja y MORENA, la fuerza
emergente de incógnita actuación. Está por verse si alguna de estas fuerzas
dominará el Congreso local pues dependerá de las negociaciones a su interior y,
por supuesto, de las negociaciones con el Poder Ejecutivo.
No es esta legislatura la primera en
circunstancias de autonomía respecto del Poder Ejecutivo, encuentra precedente
en la del 2004-2007, cuando el PRI perdió la mayoría; entonces el gobernador
era Fidel Herrera, conocedor de los cabildeos legislativos; hábil en la
maniobra, que operó utilizando la estrategia de los cañonazos de los que Obregón
hizo alarde, compró voluntades y entonces el voto legislativo adquirió valor
monetario, solo así el Ejecutivo logró superar el duro trance de una
cohabitación impuesta por el voto ciudadano, a través del colaboracionismo de
algunos diputados “de oposición”. En la elección intermedia de 2007 la elección
de una nueva legislatura propició mayoría priista, de allí provienen la
bursatilización del impuesto a la tenencia y uso de automóviles y las indiscriminadas
autorizaciones para contratar deuda pública.
Las finanzas estatales están en quiebra, solo
el aporte de la federación podrá generar la estabilidad requerida para
conservar la gobernanza y la gobernabilidad en Veracruz. Cuando un gobierno
está impedido para implementar sus políticas públicas, cuando órganos
instituidos para fortalecer el andamiaje de gobierno no responden, como la
Contraloría y el Orfis; cuando las instituciones pierden credibilidad, como la
legislatura estatal, la gobernabilidad está en riesgo. ¿Nos encontramos ante
este riesgo? Que la academia responda, porque lo importante, lo inmediato, es
que los actores políticos, la elite política convenga en la necesidad de los
arreglos; finalmente, de la crisis entre los contrarios se aproxima a la solución.
4-noviembre-2016.
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