lunes, 7 de noviembre de 2016

CAMALEÓN Avatares en crisis alfredobielmav@hotmail.com

CAMALEÓN
Avatares en crisis
Flavino Ríos ya figura en la lista de gobernadores de la entidad veracruzana, así lo prescribe su elección por la legislatura local para cubrir un periodo de 47 días en sustitución de Javier Duarte de Ochoa, cuya licencia fue obligada por los escándalos de corrupción e ineptitud para llevar a buen fin una administración gubernamental. Por esos motivos, a Flavino Ríos le toca transitar por un fin sexenal saturado de problemas no resueltos, acumulados desde el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, punto que pareciera un lugar común pero que en Veracruz se sustancia en los hechos.
El tránsito de Flavino Ríos por su accidentado interinato lo agrava el pesado fardo de asuntos sin resolver, la quiebra financiera, un Congreso local adverso a partir del 5 del mes en curso y los resquemores de una alternancia que por vez primera experimentamos en nuestro estado; no es exagerado apuntar que el gobernador está solo, porque su equipo de colaboradores de confianza se reduce a una media docena, no más, el resto cuida que su futuro inmediato no los lleva a preocupantes comparecencias ante la fiscalía y los juzgados.
Ese es el designio inmediato de un actor político cuya inserción en la lista de gobernadores antecede un tránsito complicado durante 26 días más; pero ¿cuál es el futuro de ocho millones de habitantes cuyas esperanzas fueron defraudadas por el continuismo de dos desgobiernos?
El periodo de gobierno iniciado en 2004 por Fidel Herrera Beltrán, y reiniciado en 2010 por Javier Duarte de Ochoa, llega a su ocaso en un escenario complicado por la insatisfacción popular, por el enojo ciudadano contra dos administraciones de gobierno caracterizadas por la corrupción y la inoperancia. Un largo periodo de desgobierno con dos titulares incubados en circunstancias diferentes, pertenecientes a generaciones distintas, que en este caso no significa necesariamente un relevo generacional con avances substanciales, sino una interrelación entramada en base a complicidades, uno le cubrió al otro sus desarreglos y ahora, superando al maestro en materia de corrupción, paga las consecuencias llevándose aparte del dinero las esperanzas rotas de todo un pueblo. Asistimos a un drama político en que el ocaso de un régimen se confunde con el ocaso de un gobierno fallido. Ojala renazca la esperanza popular.
¿Qué sigue? El cinco del mes en curso se constituye una nueva legislatura que reemplaza a una de triste y reprochable memoria, ejemplo de servilismo partidista, prototipo de la supeditación del Poder Legislativo al Poder Ejecutivo. La nueva Legislatura se particularizará por la participación de tres fuerzas políticas de acentuado protagonismo: PAN-PRD, actuando como un bloque, PRI en aparente desventaja y MORENA, la fuerza emergente de incógnita actuación. Está por verse si alguna de estas fuerzas dominará el Congreso local pues dependerá de las negociaciones a su interior y, por supuesto, de las negociaciones con el Poder Ejecutivo.
No es esta legislatura la primera en circunstancias de autonomía respecto del Poder Ejecutivo, encuentra precedente en la del 2004-2007, cuando el PRI perdió la mayoría; entonces el gobernador era Fidel Herrera, conocedor de los cabildeos legislativos; hábil en la maniobra, que operó utilizando la estrategia de los cañonazos de los que Obregón hizo alarde, compró voluntades y entonces el voto legislativo adquirió valor monetario, solo así el Ejecutivo logró superar el duro trance de una cohabitación impuesta por el voto ciudadano, a través del colaboracionismo de algunos diputados “de oposición”. En la elección intermedia de 2007 la elección de una nueva legislatura propició mayoría priista, de allí provienen la bursatilización del impuesto a la tenencia y uso de automóviles y las indiscriminadas autorizaciones para contratar deuda pública.
Las finanzas estatales están en quiebra, solo el aporte de la federación podrá generar la estabilidad requerida para conservar la gobernanza y la gobernabilidad en Veracruz. Cuando un gobierno está impedido para implementar sus políticas públicas, cuando órganos instituidos para fortalecer el andamiaje de gobierno no responden, como la Contraloría y el Orfis; cuando las instituciones pierden credibilidad, como la legislatura estatal, la gobernabilidad está en riesgo. ¿Nos encontramos ante este riesgo? Que la academia responda, porque lo importante, lo inmediato, es que los actores políticos, la elite política convenga en la necesidad de los arreglos; finalmente, de la crisis entre los contrarios se aproxima a  la solución.
4-noviembre-2016.



No hay comentarios:

Publicar un comentario