lunes, 20 de febrero de 2017

CAMALEÓN El México que viene alfredobielmav@hotmail.com 18- f3br3r0- 2017.

CAMALEÓN
El México que viene
alfredobielmav@hotmail.com
18- f3br3r0- 2017.
En México, una tesis de geopolítica pudiera versar acerca del número de gobiernos estatales requeridos para ganar una elección para la presidencia de la república. La premisa rezaría: “El partido político que gobierne en el Estado de México, la Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Puebla lleva considerable ventaja electoral”. La segunda condición consistiría en factores tales como la personalidad del candidato, la suma de factores fácticos, las alianzas electorales, y la aceptación o rechazo de la ciudadanía hacia el gobierno en turno.
En nuestra realidad el PRI hace gobierno en 15 entidades, el PAN en ocho, el PRD en cuatro y formalmente hacen coalición en tres; el PVEM gobierna Chiapas y en Nuevo León funciona un gobierno surgido por la vía independiente. En concreto el PAN es la segunda fuerza electoral federal en las Cámaras de Diputados y Senadores, y gobierna en los estados de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Guanajuato, Puebla, Querétaro y Tamaulipas, y aunque hizo coalición con el PRD en Durango, Quintana Roo y Veracruz, al menos en este último el Sol Azteca no pinta.
Como antecedente histórico debemos señalar la elección federal de 1988 como un auténtico parteaguas político, con características similares a las de 1940, la controvertida elección de Ávila Camacho (PRM), que enfrentó la fuerte oposición del general Juan Andrew Almazán postulado por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN), quien calificó la elección de fraudulenta; y la de 1952 en que se eligió presidente por el PRI a don Adolfo Ruiz Cortines, a quien el general Miguel Enríquez Guzmán opuso fuerte resistencia a través de la Federación de Partidos del Pueblo. Fueron elecciones polémicas, tal cual sucedió en 1988 cuando Cuauhtémoc Cárdenas alegaba haber triunfado.
Un año después de esa elección, en 1989, el PRI perdió el gobierno de Baja California Norte frente al candidato del PAN  Ernesto Ruffo Appel; a continuación vinieron en cascada otros estados para el PAN: Guanajuato, Chihuahua, Aguascalientes, entre otros. Por su parte, el PRD en 1887 ganó el Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas al frente; siguió Zacatecas, en alianza con el Partido del Trabajo, después Tlaxcala y a continuación Michoacán, Guerrero y Tabasco. Por estos expedientes el Partido Revolucionario Institucional dejaba de ser el Partido Hegemónico de México; pero más aún a partir del 2000 cuando perdió la presidencia de la república frente al PAN.
Regresando a la tesis referida: por las elecciones de 2016 el PRI perdió buena parte del control del territorio nacional, pues ahora gobierna sólo 46% de las entidades, mientras partidos opositores  controlan el 54% restante. Tras del proceso electoral de 2016 el PRI, que gobernaba 66 millones 368 mil 197 personas, ahora reduce sustancialmente esa proporción a 53 millones de habitantes de 15 entidades, es decir, tuvo una pérdida de 19.2% de población gobernada.
En estas circunstancias el panorama para el PRI a futuro se advierte muy complicado. Ya no controla políticamente estados de numeroso padrón electoral, salvo el Estado de México que pudiera conservar en las elecciones de junio próximo. Entonces, si el tricolor ha perdido sustantivas porciones de poder ¿estará en condiciones de competir con solvencia en 2018? La política es ciencia de lo posible, no ciencia ficción, y considerando la inminencia de los acontecimientos electorales, este de 2017 y el 2018, difícilmente podrá recuperarse, si bien lo intenta al convocar a Consejo Político Nacional para el 21 del mes en curso para proponer la creación de una Secretaría encargada de coordinarse con los estados en donde es oposición.
Dentro de la lógica futurista, ni Peña Nieto ni su partido pueden estar ajenos al porvenir político del país. Solo un párvulo político podría ignorar el dinámico crecimiento del Movimiento de Regeneración Nacional de López Obrador y que el pragmatismo político avisa la coalición de intereses entre el peñismo y el PAN, de allí la propuesta para la segunda vuelta en un intento por evitar la avalancha lopezobradorista.
El PAN no gobierna ni la ciudad de México ni el Estado de México, como sugeriría la tesis en comento, sin embargo los factores de poder se están alineando para regresarlo a Los Pinos. Esta configuración confirmaría la hipótesis porque tendría a su lado Veracruz (PAN) y el Estado de México (PRI), Puebla y otros gobiernos alineados en ese proyecto. Si bien López Obrador es la esperanza de México, no todo lo decide la ciudadanía, pensar lo contrario es caer en el romanticismo nonagésimo.
alfredobielmav@hotmail.com
18- f3br3r0- 2017.


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