CAMALEÓN
Sinopsis electoral
Después del resultado electoral adverso de 2016, es
frecuente escuchar la versión contemporánea sobre “la extinción del PRI”, ahora
con mayor acento desde cuando en 2000 este partido perdió la presidencia de la
república. De aquel rudo golpe el PRI logró recuperarse y propició su regreso a
Los Pinos en 2012; pudo hacerlo en 2006 pero las divisiones y traiciones internas
se lo impidieron, instalándolo en tercer lugar de la elección federal de ese
año
En 2012 el PRI logró la Restauración, y a partir de
entonces amargos sinsabores sociales han puesto en grave predicamento al
gobierno priista, pues un cúmulo de expedientes sociales sin resolver lo han
abrumado; acontecimientos como Ayotzinapa, la Casa Blanca, Tlatlaya, entre
otros no menos graves, han marcado indeleblemente a la administración peñista:
desigualdad social, pobreza extrema, violencia, inseguridad pública, corrupción,
son puntos de una agenda de gobierno sin visos de solución inmediata. Como
consecuencia, se concluye que estas han sido causales directas de resultados
electorales adversos. Esto último ha cambiado sustancialmente las
circunstancias que hicieron posible el retorno al Poder en 2012, ya no son las
mismas, por lo que se estima complicada la oportunidad de remontar una
apreciación ciudadana adversa, de allí la especulación sobre un futuro incierto.
En 2000, el PRI gobernaba 19 entidades federativas
y gran parte de los municipios en el país, ese panorama ya no está vigente
porque de entonces a la fecha ha perdido gubernaturas, y aunque también
recuperó otras el deterioro ha aumentado. El desastre del proceso electoral
2016 agravó el escenario: de 12 entidades en juego, seis de las más importantes
las perdió el PRI, grave porque representan dos tercios de las entidades que
gobernaba. Ganó a la oposición Sinaloa y Zacatecas, pero perdió Tamaulipas,
Quintana Roo y Veracruz, tres estados en donde el PRI siempre había gobernado.
Duarte contribuyó al desastre y auspició la derrota del PRI en el tercer
territorio más poblado de México.
El desastre total significaría que el PRI perdiera
el gobierno del Estado de México, este 2017; y es asunto de apreciación
psicológica, porque aun triunfando en esa elección, para nada significa control
sobre padrón tan abultado porque será una elección a tercios. En Nayarit y
Tamaulipas el PRI no camina sobre lecho de rosas, nada garantiza triunfo seguro
porque están bajo el signo de gobiernos cuyo grado de aceptación camina a ras
de piso.
De no menor importancia es la elección de los 212
ayuntamientos veracruzanos: aquí el PAN gobierna y por ese hecho pudieran
atribuírsele importantes triunfos, agréguese los que pudiera rescatar su
inestable aliado, el PRD. En ese esquema, el PRI ha tenido que improvisar,
desde una dirigencia de circunstancias, hasta candidatos a ediles emanados por
obligada aceptación de propuestas nada recomendables.
Orizaba, Córdoba, Xalapa, Veracruz, Boca del Río,
forman un envidiable cinturón para amarrar posibilidades en el 2018. En el Sur,
Coatzacoalcos está convertido en un bastión que el PRI busca retener para
contener en aquella región el embate de Morena. Su ciudadanía vota diverso,
como lo viene demostrando desde 1973; allí el PRI postuló a Carlos Vasconcelos,
competitivo, es duro de roer, un candidato ad hoc para el momento.
MORENA asemeja una acrecida marejada, alimentada
por los vientos del enojo social, pero el veredicto final está a cargo de la
ciudadanía veracruzana el 4 de junio; el cambio de circunstancias radica en
esencia en mayor madurez ciudadana, y correlativamente hay confianza en que la
fortaleza de las instituciones permita aplicar la Ley electoral sin distingos de
color político.
alfredobielmav@hotmail.com
20- mayo.
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